Hablo de Cruzada, pero no las de la Edad Media. Así calificó el bando nacional la Guerra Civil. Puede parecer extemporáneo, pero no lo es si nos atenemos a las cifras de la persecución religiosa que se desató por parte del Frente Popular contra la Iglesia católica, en realidad, desde el mismo momento de la instauración de la II República, y que se puede resumir así:

La Iglesia de 1939

Aparte de las 20.000 iglesias y edificios religiosos incendiados, las cifras de exterminio de los católicos entre 1931 y 1939 ponen en evidencia que nos encontramos ante un genocidio perpetrado por los partidos del Frente Popular que gobernaron la república, entre ellos el PSOE y el PCE, hoy representado por Podemos

  • No menos de 12.000 laicos y religiosos fueron asesinados durante los tres años de guerra civil por ser católicos. 
  • 13 obispos y 4.184 sacerdotes asesinados.
  • En la diócesis de Barbastro fue asesinado el 80 por ciento del clero, incluido el obispo y los seminaristas.
  • En la de Léridael 65 por ciento.
  • Más del 50 por ciento en la diócesis de Segorbe.
  • En las de Málaga, Menorca y Toledoel 50 por ciento.
  • En Madridel 30 por ciento.
  • En Valenciael 27 por ciento.

Los testimonios del martirio de tantos laicos y religiosos son innumerables y es rara la ciudad española, por pequeña que sea, que no muestre en sus templos la huella de la persecución religiosa.

Frente a la carnicería de la república se alzó buena parte de la sociedad, y no solo la mayor parte del ejército, con Franco a la cabeza. También muchos españoles que habían recibido la república con esperanza y terminaron traicionados y perseguidos por ella. 

Por haber acabado con el genocidio, Franco recibió del Vaticano la máxima condecoración que la Santa Sede concede, la Suprema Orden Ecuestre de la Milicia de Nuestro Señor Jesucristo, más conocida como la Orden de Cristo, que fue constituida en 1319 por el papa Juan XXII para premiar los servicios más relevantes a la Iglesia universal. 

Junto a Franco, ostentaron también la medalla Bismarck, De Gaulle, De Valera, Balduino o Adenauer.

 

Y sin embargo, al albur del Concilio Vaticano II, la Iglesia quiso marcar distancias con el régimen de Franco. El mismo Papa Pablo VI, quizás predispuesto contra el régimen porque  uno de sus hermanos, alistado en las Brigadas Internacionales marxistas había muerto en la Guerra Civil, condenó al régimen por los juicios de Burgos, contra unos terroristas de la ETA, confesos de crímenes.

 De aquellos polvos estos lodos, que quizás expliquen la tibieza de nuestros pastores frente al expolio que los herederos del Frente Popular pretenden contra el Valle de los Caídos, construido precisamente para la reconciliación y el perdón entre españoles. Ese perdón que nunca ha faltado por parte de los católicos.

 

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