En el siglo XVI, Inglaterra y Holanda alimentaron la Leyenda Negra contra su enemiga España y muy especialmente contra la Inquisición. Una Leyenda que continuaron historiadores tendenciosos, con burdas mentiras que hablaban de hasta 100.000 ejecutados. Muchísimas más sangrientas fueron las persecuciones perpetradas por Francia contra los hugonotes, los príncipes alemanes luteranos contra los campesinos, los anglicanos ingleses contra los católicos o los calvinistas en la "tolerante" Suiza que, entre otros quemó en la hoguera a nuestro Miguel Servet.
Pero es que, además, es mentira, como se ocupa de demostrar el historiador estadounidense en su obra "Falso testimonio, denuncia de siglos de historia anticatólica". Este sí riguroso historiador desvela, entre otras cosas ya sabidas por quienes no se dejan envenenar por la propaganda anti española y anti católica, que de los 44.674 acusados entre 1.540 y 1.700 por la Inquisición sólo fueron ejecutados 826 personas, es decir, un 1,8% del total. En en cuanto a la tortura, atribuida con tintes negros a la Inquisición, pero que en la época aplicaban todos los tribunales, la Inquisición la aplicaba de forma muy limitada, ya que no creía en ella, y prohibía poner en riesgo la vida del reo o de alguno de sus miembros o el derramamiento de sangre. Sólo la aplicó en el 2% de los casos juzgados. Las cárceles de este Tribunal eran, con diferencia, mucho más humanitarias que el resto, por lo que era frecuente que criminales confesos blasfemaran para ser juzgados por la Inquisición, en vez de por un tribunal civil. Y en cuanto el manido tema de la quema de brujas, apenas hubo casos en toda la Historia de la Inquisición española, al contrario de los países protestantes, donde ese castigo era muy frecuente. Stark también desmiente la acusación a la Inquisición de quema sistemática de libros, que no se produjo. Se quemaron algunos calificados de herejes, con doctrinas luteranas y casi ninguno de carácter científico, desde luego, no los de Galileo Galileo. Recuerda el autor, además, que el Tribunal no juzgaba sólo casos "religiosos", sino también cuestiones como violaciones, falsificación de moneda que era considerado un delito de especial gravedad y otros similares.
Y volviendo al tema de las brujas, no sé si lo menciona el libro, pero sí quiero destacar que en el famoso caso de las brujas de Zurragamurdi, alimentado por la superstición popular y denuncias falsas, en un clima de terror, fue precisamente el Inquisidor General quien impuso la cordura, llevado de su sentido común y buen juicio. Aquellas gentes eran hijos de su tiempo, pero no eran tan estúpidos como les suponemos y, desde luego, aun siendo lamentable cualquier muerte, no podemos juzgar una época con nuestra visión actual, si no, qué juicio merecerá nuestra civilización actual por las leyes del aborto, la eutanasia o, también, la pena de muerte que se aplica en no pocos países.
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