Recientemente se revelaba un escándalo en Gran Bretaña. Desde 1995 y durante al menos quince años, mafias de paquistaníes en distintas localidades de aquel país habían estado violando sistemática e impunemente a miles de niñas inglesas. Y digo impunemente porque lo más grave es que lo hicieron con el conocimiento de las autoridades y Policía, sin que éstas hicieran nada para evitarlo, seguramente para evitar ser tachados de islamófobos. ¿A qué grado de degradación está llegando Europa, donde se acepta al extranjero con su cultura, usos y costumbres, aunque aquellos contravengan nuestro sistema de libertades?. Pero es que en este caso estamos hablando de delitos flagrantes. La realidad que subyace es que para el Islam, o al menos una parte de sus fieles, la mujer no es más que un objeto.

 Esta realidad no es exclusiva de Reino Unido, lo vemos en Alemania, sobre todo con la importante comunidad turca, o en nuestro país vecino, Francia,  y en general, en mayor o menor medida, en toda Europa, donde proliferan barrios dominados por los musulmanes, en donde ni siquiera la Policía se atreve a entrar y donde se pasea ufana la policía religiosa, imponiendo la Sharía: cómo vestir, no fumes, no bebas alcohol…

 En el resto de Europa, donde hubo un aluvión de población musulmana integrante, al cabo de un par de generaciones se ha visto que no se integran, que no se sienten franceses o alemanes, y que no respetan al país de acogida. A menudo provocan incidentes, cuando no se convierten esos núcleos de población en semilleros de terroristas islamistas, que tratan de destruir nuestra civilización. A algunos buenistas progresistas aún les cuesta admitir esa realidad, también en España, donde vamos con cierto retraso en estas cuestiones respecto al resto de Europa.

 Pero algunos ya empiezan a rebelarse contra esa invasión, naturalmente son tachados de extremistas, xenófobos…. En Francia, el Presidente Macron acaba de dictar una serie de medidas, dirigidas a terminar con el conocido como ELCO, o Enseñanza de la Lengua y Cultura de Origen. Cuando en los 70 empezó a llegar mano de obra del sur de Europa y de los países árabes, se implementó esta ley, con el fin de facilitar que llegaran sacerdotes e imanes de los países de origen, para enseñar su fe a los niños y que éstos no se desarraigaran. Los procedentes del sur de Europa se integraron sin problema en la sociedad que les acogía, pero no así con los de origen árabe. El problema es que esos imanes transmitían una religión rigorista e intolerante, como ha podido comprobar la Policía en sus seguimientos.

 El Islam, religión que alienta una auténtica teocracia ahí donde se implanta, tiene un problema, ya que no sólo transmite una fe, sino una forma integral de vida que está en las antípodas de la civilización occidental.

 

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