El porqué del interés de EEUU por Groenlandia
La isla más grande del mundo, Groenlandia, ha dejado de ser una periferia helada para convertirse en el epicentro de una tormenta geopolítica. De hecho, se ha convertido en el escenario de una nueva guerra fría entre las potencias por el hielo polar. La pregunta legítima que nos podríamos hacer es si el fondo de la disputa no es resultado de una negligencia de sus tutores (Dinamarca) por haberse dejado controlar la isla polar y sus puntos de infraestructuras estratégicas para el país (y por ende para la OTAN) por potencias enemigas.
Mientras el deshielo del Ártico abre nuevas rutas comerciales y facilita el acceso a tesoros minerales, las sombras de Pekín y Moscú que se han alargado sobre el territorio danés en los últimos años sin cesar, han provocado ahora una respuesta sin precedentes de Washington. La Administración Trump está dispuesta -dice- a hacerse con el control de Groenlandia o por las buenas o por las malas para contener la amenaza a su seguridad nacional por parte de sus contrincantes anti-occidentales.
La razón: el temor a tener un enemigo cerca del territorio americano (Alaska) y a unos pasos de controlar la isla del Ártico. Para China, Groenlandia es la pieza que falta en su ambiciosa Ruta de la Seda Polar. Autodefinida como un “Estado casi ártico”, Pekín ha desplegado una estrategia, sutil pero persistente, centrada en el control de recursos naturales. Su interés no es casual, ya que se estima que la isla alberga hasta el 10% de las reservas mundiales de tierras raras, minerales críticos para la transición energética y la tecnología militar.
A pesar de los bloqueos políticos impuestos por Dinamarca y la presión de EEUU, empresas chinas como Shenghe Resources mantienen posiciones estratégicas en proyectos mineros clave. Asimismo, la mayor parte de las exportaciones de pesca groenlandesa es comprada por China. Sin embargo, el gigante asiático ha cambiado de táctica ante la imposibilidad de construir grandes infraestructuras propias, utilizando la “palanca diplomática del crédito” para seducir a sectores del movimiento independentista groenlandés, ofreciendo una alternativa económica a la dependencia de Copenhague.
Si China busca el subsuelo y la pesca marina, Rusia busca el control del horizonte. El Kremlin no necesita invertir en minas groenlandesas para ejercer su poder ya que lo hace a través de la militarización. En 2025, Moscú completó la modernización de sus bases árticas y ha intensificado las patrullas en el “paso GIUK” (Groenlandia, Islandia y Reino Unido), el cuello de botella naval que sus submarinos deben cruzar para acceder al Atlántico.
La cooperación chino-rusa en el Ártico ha creado un frente común que desafía la hegemonía de la OTAN, utilizando la isla como un punto de presión psicológica sobre la seguridad europea
Para Putin, Groenlandia es el muro occidental de su patio trasero. La cooperación chino-rusa en el Ártico ha creado un frente común que desafía la hegemonía de la OTAN, utilizando la isla como un punto de presión psicológica sobre la seguridad europea.
A diferencia de China, Rusia es el país con más costa ártica del mundo. Su presencia en Groenlandia no es directa (no posee minas ni puertos allí), pero su actividad en las zonas circundantes condiciona totalmente la isla. Moscú pretende controlar la ruta del Mar del Norte a base de modernizar la flota de rompehielos, submarinos nucleares y bases militares para vigilar el tráfico marítimo que rodea Groenlandia. Tras las sanciones internacionales por invadir Ucrania, Rusia ha cerrado varios acuerdos comerciales con China para desarrollar conjuntamente diversos proyectos logísticos y de gas en el Ártico.
Por todo ello, se entiende la respuesta de Trump con su anuncio de “anexionarse” Groenlandia. A pesar de su falta de tacto diplomático, otra diplomacia más sutil haría comprensible los intereses geopolíticos de la Administración norteamericana. Si Putin se queja en Ucrania de tener al enemigo de la OTAN tan cerca de sus fronteras, Washington podría justificar y hacer valer el mismo principio en el hemisferio occidental que afecta a Groenlandia.
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