Latinoamérica o Hispanoamérica?

 Hay palabras que usamos sin pensar de dónde vienen. Y cuando uno descubre de dónde vienen, ya no puede usarlas igual. "América Latina" es una de esas palabras. O mejor dicho, una de esas operaciones de marketing político disfrazadas de geografía.

El término fue diseñado en París, a mediados del siglo XIX, por un economista francés llamado Michel Chevalier, consejero del emperador Napoleón III. El objetivo era muy concreto: justificar la invasión francesa de México. La lógica era la siguiente: Francia es una nación "latina" (porque el francés viene del latín, como el español, el portugués y el italiano), México es un país cuya lengua también viene del latín, ergo Francia y México son hermanos de raza y cultura, y por tanto Francia tiene el deber moral de proteger a su hermano menor frente a la amenaza anglosajona. Paso siguiente: Napoleón III manda tropas a México, impone a Maximiliano de Habsburgo como emperador, y llama a eso "solidaridad latina".

La maniobra era tan burda que habría hecho reír si no hubiera costado miles de muertos. Llamar "latinos" a millones de indígenas mayas, quechuas, aymaras, que no tenían absolutamente nada que ver con la Roma antigua, era un despropósito de manual. ¿Y Québec? El Québec francés debería haber sido la joya de esa "América Latina" si el criterio fuera lingüístico de verdad, pero misteriosamente Québec quedó fuera porque meter el dedo en el ojo al Imperio Británico en Canada no le convenía a Napoleón III. Qué casualidad.

El proyecto militar fracasó: el ejército francés fue derrotado, se retiró con el rabo entre las piernas y el pobre Maximiliano terminó fusilado en Querétaro en 1867. Pero el invento lingüístico sobrevivió. Y aquí seguimos, ciento cincuenta años después, usando la etiqueta que el imperialismo francés nos coló en la mochila para sus propios intereses. Si eso no es una operación de ingeniería cultural exitosa, que alguien me diga qué es.

Los términos correctos son Hispanoamérica, para los países de lengua y cultura española, e Iberoamérica, cuando se incluye también Brasil. Son términos que dicen lo que son: la América que nació de la herencia hispana, ibérica, del encuentro entre la Corona española y los pueblos del Nuevo Mundo. Llaman a las cosas por su nombre, sin propaganda añadida.

La leyenda negra

Y ya que estamos hablando de la herencia hispana en América, permíteme desmontar otro mito que lleva décadas causando un daño enorme a la verdad histórica: la Leyenda Negra.

La Leyenda Negra es el relato según el cual España llegó a América para matar indígenas, robar oro y destruir culturas. Es el relato que nos han enseñado en muchas escuelas, que alimentan ciertos sectores políticos cuando les interesa, y que los propios países anglosajones han promovido con gran entusiasmo, por razones que son bastante fáciles de adivinar. Una España genocida y saqueadora les quita el foco a ellos, que es exactamente donde no quieren el foco.

Vamos a los hechos, porque los hechos son bastante más interesantes que el relato.

En 1512, apenas veinte años después de que Colón pisara tierra americana, la Corona española convocó la Junta de Burgos tras las denuncias de fray Antonio de Montesinos sobre los abusos cometidos con los indígenas. El resultado fueron las Leyes de Burgos, el primer cuerpo legislativo del mundo para regular el trato a una población conquistada: reconocimiento de los indígenas como hombres libres y dueños legítimos de sus casas y haciendas, prohibición de la esclavitud, regulación del trabajo con salario justo, protección especial para mujeres embarazadas y menores. En 1530, Carlos I prohibió la esclavitud de los indios. En 1537, la bula Sublimis Deus de Pablo III declaró que los indígenas eran "verdaderos hombres" con plena capacidad racional y espiritual, en respuesta directa a una petición de la Corona española. En 1542 las Leyes Nuevas reforzaron esas protecciones. En 1594 una Real Cédula creó mecanismos de control sobre los encomenderos para proteger a los indígenas. En 1570 un decreto real estableció la oficialidad de las lenguas indígenas para comunicarse con los nativos: el náhuatl en México, el guaraní en la Amazonia, el quechua en Perú. Es decir, los españoles no solo no prohibieron las lenguas indígenas, sino que las reconocieron como lenguas oficiales de comunicación.

¿Que hubo abusos? Los hubo. ¿Que las leyes no siempre se cumplieron? Claro, era el siglo XVI y había un océano de por medio. Pero la pregunta relevante no es si hubo abusos, porque en toda conquista los hay. La pregunta es qué hizo la Corona cuando los hubo. Y lo que hizo fue legislar, investigar, sancionar, deponer gobernadores y juzgar militares. Eso es algo que no tienen ningún equivalente en la colonización inglesa, francesa ni holandesa.

El genocidio y la esclavitud de Inglaterra, Francia, Portugal y Holanda

Hablemos de los que sí lo hicieron bien, según el relato que nos han vendido.

Los colonizadores ingleses en Norteamérica adoptaron desde el principio una política muy clara con los indígenas: exterminio o reservas. El resultado lo conocemos todos: los nativos norteamericanos pasaron de ser decenas de millones a quedar reducidos a unos pocos cientos de miles, confinados en territorios que nadie más quería. En las colonias del sur, la economía se construyó sobre la esclavitud masiva de población africana. En Maryland, en 1664, se promulgó una ley que ordenaba esclavizar a las mujeres blancas que se casaran con negros. El mestizaje se intentó impedir con castraciones y linchamientos. Desde 1705, negros, indios y mulatos tenían vetado el acceso a cargos oficiales y religiosos.

En Brasil, el modelo portugués se basó en la explotación económica del azúcar con mano de obra esclava africana, y en la Amazonia los procesos de esclavización llevaban al exterminio o a la asimilación forzada de los nativos. Portugal, que colonizó el Brasil, jamás fundó ni una sola universidad en todo ese territorio. Ni una. Habría que esperar al siglo XX para que Brasil tuviera su primera universidad.

Los holandeses, por si alguien los prefería, mantenían indígenas en esclavitud en sus colonias de la Guayana, llegando a ser el 20% de sus esclavos (Wikipedia, Esclavitud en América).

Culturización de hispanoamérica

Mientras todo eso ocurría en la América anglosajona, holandesa y portuguesa, en la América española pasaba lo siguiente.

En 1538, apenas 46 años después de que Colón pisara tierra americana, se fundó en Santo Domingo la primera universidad del continente americano, por bula papal. En 1551, Carlos V fundó por Real Cédula las universidades de Lima y México, modeladas sobre Salamanca. En el siglo XVI se fundaron siete universidades españolas en América. En el XVII, trece más. En el XVIII, ocho más. Cuando España dejó el escenario americano con las independencias del siglo XIX, había fundado en el continente una treintena de universidades (El Debate, enero 2026). Las primeras quince universidades de América, todas ellas, son españolas. Y para cuando Harvard se llamó a sí misma universidad, en el primer cuarto del siglo XIX, la América española llevaba ya casi tres siglos enseñando teología, filosofía, derecho y medicina a sus habitantes, incluidos los indígenas.

"Lo que París significó en Europa y Salamanca en España, representaron Lima y México en la América hispana" (Españoles de Cuba, 2018). No lo digo yo. Lo dicen los historiadores.

Mestizaje y evangelización

El mestizaje es la otra gran diferencia. En la América española el encuentro entre pueblos produjo una civilización mestiza, nueva, que tiene siglos de historia propia. Los españoles se mezclaron con las poblaciones locales desde los primeros años: la Real Cédula de Fernando el Católico de 1514 permitió expresamente los matrimonios mixtos. La América anglosajona, en cambio, construyó leyes para impedir esa mezcla. El resultado está a la vista: en México, Perú, Colombia, Ecuador, la inmensa mayoría de la población tiene sangre indígena y española mezclada desde hace generaciones. En Estados Unidos, los nativos casi no existen. Desaparecieron.

Y sobre la evangelización: fue, precisamente, lo que articuló todo lo demás. Los misioneros franciscanos, dominicos y jesuitas que acompañaron la expansión española lo hicieron con una convicción que a veces les costó la vida: que cada persona que encontraban tenía alma, tenía dignidad, tenía derecho a conocer el Evangelio. Esa convicción fue la que produjo a Bartolomé de las Casas, que denunció los abusos con una vehemencia que los propios ingleses luego usarían propagandísticamente contra España. Es la paradoja de la Leyenda Negra: los argumentos para atacar a España los da el propio sistema español de autocrítica, porque era un sistema que permitía y producía autocrítica. Ningún colonizador inglés escribió nada parecido a lo que escribió Las Casas sobre los abusos de los suyos. Entre otras razones, porque no había abusos que reconocer: había política de Estado.

En resumen

Entonces, para resumir: el término "América Latina" lo inventaron los franceses para justificar una invasión militar. Los que de verdad pusieron las bases de lo que hoy son los países de lengua española en América fueron los españoles, que llegaron allí con todas las contradicciones y violencias que cualquier proceso de ese tipo implica, pero también con algo que nadie más llevó: un marco jurídico para proteger a los pueblos conquistados, universidades para formarlos, misioneros para evangelizarlos, y la voluntad de mezclarse con ellos y producir algo nuevo.

La Leyenda Negra es el invento de quienes sí exterminaron de verdad, para que no miremos hacia donde miramos. Que es justo lo que cualquier ilusionista hace: señalar con una mano para que no veas lo que hace con la otra.

Hispanoamérica. Iberoamérica. Así se llama. Y tiene mucho más de lo que nos han contado.

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