Nuevos Justos entre las Naciones

 Recientemente, el Memorial Yad Vashem, de Jerusalén, ha proclamado como Justos entre las Naciones a 3 sacerdotes, una colaboradora laica y una religiosa de Italia, todos de la región de Toscana, por su labor salvando vidas de judíos perseguidos durante la persecución nazi de 1943 y 1944. Se trata del párroco Aldo Mei, el sacerdote Roberto Angeli, el sacerdote Egisto Salvatori y la laica Stella Coppedè, junto con la religiosa Maria Grazia Goglia. Sus nombres se inscribirán en el Muro de Honor del Jardín de los Justos en Yad Vashem.

Hay casi 400 italianos inscritos en esa categoría, de los que unos 60 son clérigos y religiosas católicos.

Para ser declarado Justo por Yad Vashem se exigen 4 criterios muy concretos:

  • 1) Haber intervenido para salvar a uno o más judíos de la muerte o de la deportación;
  • 2) Haber corrido un riesgo personal (riesgo de ser detenido o asesinado);
  • 3) Motivación altruista: no haber buscado compensación económica, ni pretender una conversión religiosa directa, ni ventajas sociales o materiales...
  • 4) Que haya testigos o documentos sólidos que confirmen los hechos y circunstancias.

Un sacerdote italiano ayudando en Yad Vashem, en Jerusalén

Detrás de los 4 nuevos Justos de la Iglesia toscana, está el esfuerzo de un sacerdote siciliano, Luca Bandiera, biblista y hebraísta, profesor de hebreo bíblico en Madagascar y especialista en la historia del Holocausto en Hungría. Como explicó al diario La Sicilia, es voluntario en Yad Vashem, en su sección italiana, y repasa las solicitudes de quienes piden reconocer a tal o cual persona. Hace este voluntariado viviendo en Jerusalén.

"Es un sueño hecho realidad, porque es muy difícil unirse al Departamento de Justos entre las Naciones en Yad Vashem en Jerusalén", explica Bandiera. Él obtuvo un título en Estudios Judaicos en 2016 con una tesis sobre el Holocausto en Hungría (aprendiendo del profesor András Kovács). Un amigo genovés de madre húngara le ayudó a encontrar cientos de testimonios húngaros. 

Con este precedente, e introducido por Giordana Moscati Mascetti, en Yad Vashem le recibieron "con los brazos abiertos". Y, como voluntario, ha constatado que desde Italia llegan muchas historias sobre sacerdotes. Él mismo ha revisado el caso del cura siciliano Paolo Liggeri que salvó muchos judíos en Milán y puede ser uno de los próximos Justos así reconocidos.

De los 4 Justos de Toscana, destaca distintos elementos:

  • -De Roberto Angeli, de Livorno: "sus heroicos esfuerzos diarios para salvar vidas y su oposición al nazifascismo por razones teológicas y evangélicas, hasta llegar a Dachau [campo nazi al que enviaban sacerdotes]. Gracias a él, conocí a la solicitante del reconocimiento, Enrica Talà, teóloga y directora del Centro de Estudios Don Roberto Angeli en Livorno. Junto a ella, concebimos y seguimos desarrollando el proyecto "Bien, Gratitud y Memoria", en colaboración con diócesis italianas y comunidades judías, para presentar a las figuras sacerdotales que salvaron vidas entre 1943 y 1944.
  • - De Aldo Mei, párroco de Fiano di Pescaglia, en la diócesis de Lucca, que fue fusilado con 32 años, "la frase que caracteriza su vida y su martirio, así como la maravillosa historia del rescate de Adolfo Cremisi: 'Muero abrumado por la oscura tormenta del odio, yo que solo quería vivir por amor, porque Dios es amor'".
  • - De Egisto Salvatori y su colaboradora laica Stella Coppedè, destaca su "testimonio de un 'heroísmo de la normalidad' a través de sus increíbles historias de rescate".

"Incluso en las situaciones más oscuras, es posible no ceder a la indiferencia y elegir lo correcto", destaca de sus ejemplos.

Aldo Mei, fusilado a los 36 años

Aldo Mei, párroco en un pueblo de la diócesis de Lucca, llevaba tiempo escondiendo o ayudando a huir a desertores del régimen fascista, judíos o prófugos políticos. Entre los judíos que salvó estaba Adolfo Cremisi. Él era hermano de Enrica Cremisi, quien dio a luz escondida por el párroco Egisto Salvatori y la casera Stella Coppedè.



Un delator insistía en acusarle ante las autoridades fascistas locales. Pero no fue arrestado hasta el 2 de agosto de 1944, y por alemanes de la SS. La acusación era, directamente, la de haber escondido a un judío. En el rápido juicio también se le acusó de dar la comunión a partisanos. El arzobispo Antonio Torrini intentó salvarlo, pero en apenas dos días, el 4 de agosto, a las diez de la noche, un pelotón de las SS le hizo cavar su propia tumba junto a las famosas murallas de Lucca, en la Porta Elisa, y le fusilaron. 

En el lugar donde le mataron hay un monolito en su memoria. Aunque era civil, y no militar, el Estado italiano más adelante le concedería la Medalla de Plata al Valor Militar.

Espiritualmente, muchos se estremecen al leer la carta que escribió a sus padres en sus últimas horas:

  • «Padre y madre, tranquilos. En esta hora solemne encuentro paz. En conciencia, no he cometido ningún crimen. Solo he amado lo mejor que he podido. Muero abrumado por la oscura tormenta del odio. Yo, que solo he querido vivir por amor, Dios es amor. Dios no muere, el amor no muere. Muero rezando por quienes me matan. Ya he sufrido un poco por ellos. Es la hora del gran perdón de Dios. Deseo tener misericordia de esto. Abrazo al mundo entero, arruinado por el pecado, en un abrazo espiritual de misericordia. Que el Señor acepte el sacrificio de esta pequeña e insignificante vida en reparación por los pecados».

Egisto Salvatori y Stella Coppedé: partos a escondidas

Egisto Salvatori era el párroco de Terrinca. Tenía 63 años durante la persecución de 1944, pero sobreviviría a la guerra y moriría de muerte natural en 1962.

Egisto Salvatori y una parroquiana, Stella Coppedè, colaboraron en esconder personas perseguidas. Ha contado su caso con detalle Adriana Funaro, conocida como "Lilli", que hoy reside en Israel y nació bajo su cuidado, en plena persecución en junio de 1944.

En febrero de 1944, dos jóvenes judías, Enrica Cremisi, embarazada de Lilli, y su cuñada Elda Funaro, con sus dos hijos, sin recursos ni protección, se mudaron a Terrinca. Stella Coppedè y don Egisto Salvatori les ayudaron. Enrica parió en el hospital de Seravezza, con una monja cómplice que ocultó a la muchacha e impidió que se descubriera que era judía. Varias mujeres del pueblo, como Riccarda Navarchi, ayudaron a que el bebé fuera amamantado.

Roberto Angeli, sacerdote deportado ¡sobrevivió!

El padre Roberto Angeli salvó a numerosos judíos de Livorno y a refugiados franceses que huían de los nazis. Comenzó atendiendo a 24 judíos, entre ellos ancianos, mujeres, enfermos y otros refugiados franceses que se refugiaban en el Hospital Israelita. Para protegerlos de los alemanes, organizó su traslado en una carreta cargada de artículos de primera necesidad. Contó con la ayuda de los jóvenes del Movimiento Social Cristiano, que él mismo fundó, y de partisanos.



En mayo de 1944, la Gestapo lo capturó y deportó. Pasó por varios campos nazis: Fossoli, Gusen, Mauthausen... El último fue Dachau, donde se concentraban muchos clérigos detenidos por los nazis. Pero sobrevivió, viviría hasta 1978 y su historia se recoge en el libro «El Evangelio en los Campos. Un sacerdote en la Resistencia» , recientemente reeditado.


Además de sacerdote, sería educador, periodista y un activista social en la dura posguerra. En Livorno, fundaría un Comité de Asistencia de Livorno para trabajar con los niños y ofrecer formación profesional y escuelas para analfabetos (mil niños al año en 8 campamentos de verano en Livorno en plena postguerra). Se calcula que entre 1948 y 1955 sus obras atendieron a unos 130.000 niños. Entre esas obras, había una fundación de prevención de tuberculosis en niños. La comunidad judía de Livorno ya le homenajeó en 1956.

Hermana Maria Grazia Goglia: 60 judíos llamaron al convento

Una ceremonia de la Embajada israelí en Italia reconoció el 24 de junio el título de Justa entre las Naciones de la Hermana Maria Grazia Goglia, de las Hermanas de la Misericordia Siervas de María. Era vicaria del convento de su orden en Via Torlonia, Roma, en 1943.

A su convento llegaron 60 judíos de varios países, y también fugitivos de otro tipo; jóvenes que desertaban, disidentes del régimen, etc...



La monja les proporcionó documentos falsos (de registro, de racionamiento, etc...). En septiembre de 1943, el convento alojó familias judías enteras: la familia Strauber, originaria de Viena y que escapó del campo de Ferramonti; la familia Handell, que huyó de Zagreb; la familia Ottolenghi; y Lea Recanati Bassan con su hija Lea Bassan Di Nola. Llegaban con documentos falsos y la monja deducía que eran judíos perseguidos. A las mujeres les dio ropas de religiosas y símbolos cristianos, para llamar menos la atención a quien se fijase en el convento.

Hay un libro de 2022 del franciscano Davide Fernando Panella, Suor Maria Goglia - Elmetto e Soggolo, que recoge su historia. Al acabar la guerra, Italia le concedió a la religiosa la Medalla de Oro al Valor Militar en el Campo (aunque no fue militar ni estuvo en el campo de batalla, pero reconociendo su coraje).

A la ceremonia en junio acudieron familiares de la religiosa, y miembros de las familias salvadas. Entre ellos, estaba Livia Ottolenghi, presidenta de la Unión de Comunidades Judías Italianas... personalmente implicada, por su familia. "Sin la valentía de la hermana Maria Angela, mi familia no habría podido continuar su historia; mi propia existencia es fruto de su decisión», afirmó.

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