Sin él San Agustín no habría escrito sus Confesiones

 San Paulino, gobernador de la provincia italiana de Campania, renunció a su posición privilegiada en el Imperio Romano para abrazar el cristianismo. Fue bautizado en el año 390 y se dedicó a una vida de oración y caridad junto a su esposa, Teresa. Paulino se relacionó con varios obispos, entre ellos san Jerónimo y san Agustín. Conoció a Agustín a través de su correspondencia con San Alipio, amigo de Agustín desde hacía mucho tiempo y obispo de Tagaste. Fue mediante esta correspondencia que Paulino buscó conocer mejor a Alipio y le pidió que escribiera algunos datos autobiográficos. Lo que siguió marcaría para siempre la civilización occidental.

Originalmente, una biografía de San Alipio

Alipio, sin querer escribir sobre su propia vida, le transmitió la petición a su amigo Agustín, quien lo conocía muy bien. Agustín, a su vez, escribió a Paulino para describirle el curso de los acontecimientos y cómo pensaba responder a su solicitud.

"Cuando [Alypius] leyó tu petición, en la que le pedías que escribiera un breve relato de su vida, (...) lo vi incapaz de decidir entre las exigencias de la amistad y la humildad; por lo tanto, lo liberé de esta carga y la asumí yo mismo (...). Así pues, con la ayuda de Dios, me esforzaré por darte a conocer pronto a Alypius tal como es".

Dado que Alipio era amigo suyo desde hacía mucho tiempo, la experiencia personal y la conversión de Agustín se entrelazaron naturalmente con la historia de Alipio, dando como resultado un texto que iba más allá de lo que se había solicitado inicialmente. Tras leer lo que Agustín le había enviado, Paulino respondió que ahora se sentía mucho más cercano a él que antes.

"Gracias a la amabilidad de los venerables obispos Aurelio y Alipio, llegamos a conocerte a través de tus escritos contra los maniqueos. Desde entonces, nació en nosotros tal afecto por ti que nos pareció menos forjar una nueva amistad que redescubrir un antiguo cariño".

Así, lo que comenzó como una biografía de san Alipio se amplió y finalmente se convirtió en las Confesiones de San Agustín. Parece que el mundo le debe mucho a san Paulino: al pedirle a Alipio un breve relato de su vida, difícilmente podría haber imaginado que recibiría a cambio una de las primeras obras autobiográficas jamás escritas, y una que sigue siendo hasta el día de hoy una de las más notables.


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