El sacerdote alemán que atendió a los dos bandos en la Francia ocupada, durante la SGM
La Segunda Guerra Mundial mostró la labor de sacerdotes católicos en circunstancias distintas:
- apóstoles o mártires,
- en el frente o en la retaguardia,
- en territorio propio o del enemigo.
Un caso especial
Este último es el caso de Franz Stock, alemán nacido en 1904 en Neheim y fallecido en 1948 en París. Fue guía espiritual sin hacer distinciones de bandos y circunstancias, lo cual convirtió su personalidad en muy reconocida.
En su vida se sucedieron durante la contienda dos circunstancias llamativas. En efecto, ¿quién puede incluir en su biografía haber sido:
- capellán alemán de prisioneros franceses de la Resistencia en la Francia ocupada durante la contienda
- y prisionero alemán fundador de un seminario para alemanes en una cárcel de Francia tras concluir la contienda?
Algo tan llamativo que en 1998, cincuentenario de su muerte, asistieron a una misa por él en la catedral de Chartres el canciller germano Helmut Kohl y el presidente del Senado galo, René Monory (tercero en el orden jerárquico). Concelebraron el cardenal de París, Jean-Marie Lustiger, y el presidente de la conferencia episcopal alemana, Karl Lehmann.
El elogio de Roncalli... que repitió Juan XXIII
Estos poderes políticos y eclesiásticos no inauguraban el respeto a dicho sacerdote. El relevante obispo Angelo Roncalli llegó a decir en el día de sus funerales que Stock "no es solamente un nombre, es un programa".
Y repitió esa misma expresión en 1962, ya como Juan XXIII, en un mensaje veraniego en Castelgandolfo a profesores y alumnos de un seminario germano.
¿A qué "programa" se refería aquel Papa? Precisamente a que la vida de Stock encarnaba un amor a cualquier persona en nombre de la fe, independientemente de su situación y de su nacionalidad.
De hecho, fue denominado "capellán del infierno" cuando "infierno" se refiería a la Francia ocupada y cuando ser capellán era asumir una responsabilidad de mil maneras castigada por el diablo.
Vocación católica binacional...
¿Cómo llegó a dicha cumbre? La página consagrada a Franz Stock detalla numerosos hechos.
Él era el mayor en una familia trabajadora de nueve hermanos. Fue formado católicamente y a los 12 años desveló a sus padres la vocación sacerdotal que le impulsaba.
A partir de los 22 años estudió teología durante seis años, en Alemania primero (Paderborn) y en Francia después (París, en el Instituto Católico). Regresó a casa y tras completar su formación fue ordenado sacerdote en 1932.
En el cuaderno ritual que recibieron los invitados figuraba una frase de San Pedro que acabaría guiando su labor como clérigo:
- "Ya que habéis purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad hasta amaros unos a otros como hermanos, amaos de corazón unos a otros con una entrega total, pues habéis sido regenerados, pero no a partir de una semilla corruptible sino de algo incorruptible, mediante la palabra de Dios viva y permanente" (1 Pe 1, 22-23).
Tras dos años de ejercicio en Alemania fue destinado a París. Entre otras cosas, atendió a compatriotas en sus enclaves de la capital francesa antes del dramático periodo 1939-1945.
... y apostolado católico binacional
El estallido de la Segunda Guerra Mundial le devolvió por un año a Alemania. En cuanto concluyó la invasión francesa por Adolf Hitler en 1940 le hicieron regresar a la capital gala y atendió a los católicos alemanes residentes en París o que formaban parte de la Wehrmacht.
No se trataba, por supuesto, de apoyo a dicha invasión, sino simplemente del ejercicio pastoral de un alemán en un territorio que conocía desde años antes y al que tenía particular simpatía por la formación teológica recibida.
Por otro lado, ¿quién sabía entre 1940 y 1944 las consecuencias que podía acabar teniendo para un sacerdote alemán entregarse a la atención espiritual a los miembros de la Resistencia capturados, antes de su fusilamiento? Gozaba del visto bueno alemán oficial, pero eso no era una garantía ante fanáticos de ese bando... ni luego tampoco -si bien con menor riesgo- ante los aliados victoriosos, quienes le encarcelaron aunque con libertades protegidas.
Veamos ambas fases.
- La primera, entre 1941 y 1944, cuando Franz Stock pudo atender en torno a 11.000 franceses encarcelados en París por los germanos. En su diario él menciona su atención espiritual a 863 que fueron ejecutados por su colaboración con la Resistencia. El enclave acostumbrado era el Mont Valérien y algunos aseguran haberle escuchado hablar de dos mil víctimas.
- La segunda, entre 1944 y 1947, tras la entrada de Charles de Gaulle en París. Stock se encontraba en el célebre hospital de la Pitié-Salpêtrière atendiendo a más de seiscientos soldados alemanes heridos que no podían ser trasladados con la salida de su ejército. Fue detenido y recluido en el campo de prisioneros de Cherburgo.
Seminario en la cárcel, seminaristas prisioneros
La diócesis de París contactó luego con él para que formase en el campo de Orleans un pequeño seminario donde formar a los estudiantes de teología alemanes que habían sido alistados y destinados a dicho frente. Y en agosto de 1945, todavía recluido aunque bajo esas tolerantes condiciones, Stock se hizo cargo de hasta 160 compatriotas seminaristas en un campo de prisioneros en Chartres.
¡Campo que fue visitado por el que a partir de 1944 era nuncio apostólico en Francia, el arzobispo Roncalli! Lo hizo en septiembre de 1945 y en mayo de 1946 llevó una bendición de Pío XII.
Roncalli recordó entonces el punto esencial que valoraba en la obra de Stock: "El seminario de Chartres merece los elogios de ambos países, Francia tanto como Alemania, y es muy apropiado para convertirse en un signo de entendimiento y reconciliación". Y ordenó a dos sacerdotes de la diócesis de Rottenburg... ¡formados siendo prisioneros de guerra!
Stock llegó a dirigir a los seminaristas en aquellos años unas palabras significativas:
- "La Providencia nos lanza con la voz de la historia un llamado a la santidad, y debemos escucharlo para traer al mundo el mensaje de libertad y paz, de salvación y amor".
El 5 de junio de 1947 fue por fin clausurado el seminario de estudiantes alemanes de Teología capturados en el campo de batalla. Por dicho seminario llegaron a pasar 949 jóvenes a lo largo del trienio, y 630 acabaron siendo sacerdotes.
Muerte imprevista y elogios naturales
A finales de ese año, Stock fue nombrado doctor honoris causa de la universidad de Friburgo como un primer reconocimiento. Pero el 24 de febrero falleció repentinamente a los 44 años en el hospital Cochin de París. Fue enterrado cuatro días después con la participación de Roncalli.
Una reciente obra publicada ha exaltado la importancia de su vida y de su obra.
Párrafos impactantes por su actualidad
Su autor es Alexis Neviaski, doctor en Historia autor de numerosas obras sobre el pasado militar y eclesiástico y con cargo público como conservador del patrimonio galo.
En marzo pasado ha publicado Le séminaire des barbelés [El seminario de las púas] (Artège), un excelente acercamiento a la vida y trabajos de Franz Stock.
Y el volumen recoge las palabras, muy clarificadoras, de una alocución de Stock el 26 de abril de 1947, al cumplirse dos años de su seminario.
Entre otras, destacamos estos dos párrafos impactantes tomados de un extracto recogido por Le Salon Beige:
- "Nuestra época habla siempre de masas humanas... y sabemos bien que las masas humanas de hoy están más alejadas del cristianismo de cuanto lo estuvieron los paganos de las tierras inexploradas. El tiempo de las grandes persecuciones puede resurgir allí donde los cristianos sean declarados enemigos por excelencia de la humanidad. Esta proximidad del paganismo exige de nosotros que encontremos medios eficaces. La posibilidad del martirio nos reclama un retorno a las fuentes, al espíritu del tiempo en el que la sangre de los mártires se mezclaba cotidianamente con el vino de la Eucaristía. Ante una época paganizada, la Iglesia vuelve a ser misionera".
- "Algunos parecen deber creer que el ideal del cristiano de los tiempos modernos consiste en desaparecer en la masa como una gota de lluvia se disuelve en el océano. Pero incluso en la masa humana el cristiano debe destacar, debe perturbar, debe escandalizar, porque es precisamente por ese escándalo de choque como comienza el apostolado. Y ese cristianismo debe ser viril, un cristianismo de presencia afirmativa, que no teme el enfrentamiento, que reclama un compromiso, un cristianismo luminoso como un faro para iluminar las tinieblas, un cristianismo de acero para un siglo de hierro, un cristianismo llamativo para nuestra época de la energía nuclear. Nuestro siglo es activista, agitado, erótico, confunde lo espiritual y lo temporal. Nuestro siglo ve triunfar los odios, es anárquico, revolucionario, ve cómo se encadenan las catástrofes, acumula ruinas sobre ruinas, tanto en las ciudades como en las almas. (...) Es el número de santos queridos por Dios el que basta para salvar una época... Santos que no temen las catástrofes ni las revoluciones, sino que saben aprovechar cualquier ocasión y orientan todo su ser hacia la segunda venida del Salvador".

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