La Virgen de Czestochowa, patrona de Polonia
El icono de Nuestra Señora de Czestochowa es la reliquia más venerada de Polonia. Aunque no se conoce con exactitud su origen, se cree que fue pintada por san Lucas, sobre una madera que fue parte de la mesa de la sagrada familia.
La tradición cuenta que la pintura permaneció en Jerusalén hasta que fue descubierta por Santa Elena, junto a otras reliquias, en el siglo cuarto. Desde ese momento, se trasladó a Constantinopla, donde fue ampliamente venerada durante 500 años, antes de ser trasladada a territorio de la actual Polonia.
Desde entonces, la imagen enfrentó -y protegió a sus devotos- de grandes peligros, incluidos asedios, invasiones, guerras, intentos de robo e incluso arrestos. Hasta la fecha, la imagen cuenta con rasguños que han sido imposibles de restaurar por completo.
Uno de esos peligros fue la ocupación de Polonia durante la Segunda Guerra Mundial.
La ocupación nazi de Polonia puso en peligro, nuevamente, a la imagen de Nuestra Señora. Y los paulinos -encargados de custodiarla- lo sabían bien.
Entendiendo que la imagen corría riesgo de ser destruida o vendida a coleccionistas, los monjes decidieron ocultarla en un lugar donde fuera imposible de hurtar. Fue así como decidieron preparar un compartimiento especial en una enorme mesa de la biblioteca de Jasna Góra.
Dentro de esta biblioteca se encontraban dos mesas únicas, talladas a mano con gran maestría por un fraile. Estas artísticas piezas fueron hechas con una variedad de maderas y detalles artísticos que las terminaron convirtiendo en valiosas piezas de arte.
Sin embargo, eran tan grandes y pesadas -y no desmontables- que resultó imposible para los alemanes transportarlas fuera de la biblioteca.
Eso hizo que ese pequeño trozo de madera, que se cree pudo ser parte de la mesa de la sagrada familia, sobreviviera una vez más. Esta vez, oculta dentro de otro gran trozo de madera que también unió los fines prácticos del día a día con expresiones artísticas y evangelizadoras.
Durante un tiempo, la imagen se mantuvo a salvo en este escondite. Sin embargo, tiempo después fue trasladada a una celda del convento para sobrevivir a la guerra.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, un millón y medio de personas oraron frente a su imagen para demostrar su amor y confianza en su protección. Y a pesar de que Polonia vivió casi 50 años bajo un régimen comunista, la devoción del pueblo polaco a esta imagen nunca desapareció.
Aunque las leyendas sobre su origen distan de los descubrimientos de los historiadores del arte, que creen que es un icono bizantino originario del siglo VI o IX, esta imagen es una importante reliquia para Polonia y para los católicos del mundo.
A la reina de Polonia se le festeja tres veces al año, pero su fiesta principal es el 26 de agosto. Y su santuario, Jasna Góra, es el más visitado de Polonia y uno de los santuarios marianos más visitados de Europa.
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