Pasaje bíblico que resume el apostolado de Santa Teresa de Calcuta

 A menudo, en la vida de los santos hay un pasaje bíblico concreto que les llega al corazón y acaba siendo la principal motivación de su apostolado y labor misionera.

San Francisco de Asís, por ejemplo, se inspiró en las palabras de Jesús a sus discípulos: "No llevéis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero; y no tengáis dos túnicas" (Lucas 9, 3). Esto le llevó a tener una vida de pobreza absoluta, sin posesiones alguna en su ministerio.

La Madre Teresa se inspiró en otro pasaje bíblico, uno que todos hemos oído antes.

Ver a Jesús en los pobres y en los que sufren

San Juan Pablo II comentó el pasaje bíblico fundamental que inspiró a la Madre Teresa en su homilía con motivo de su beatificación en 2003:

"'Lo que hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis' (Mt 25, 40). Este pasaje del Evangelio, tan fundamental para comprender el servicio de la Madre Teresa a los pobres, fue la base de su convicción, arraigada en la fe, de que al tocar los cuerpos quebrantados de los pobres estaba tocando el cuerpo de Cristo".

La Madre Teresa se propuso buscar a los más pobres entre los pobres del mundo, no porque quisiera convertirse en una humanitaria famosa, sino porque veía a Cristo en los pobres y los que sufrían.

Cada vez que bañaba el cuerpo de una persona que agonizaba en la calle, estaba bañando al mismo Jesucristo.

San Juan Pablo II confirmó esta motivación que la Madre Teresa tenía en su apostolado misionero:

"Su servicio se dirigía al propio Jesús, oculto bajo el desgarrador disfraz de los más pobres entre los pobres. La Madre Teresa pone de relieve el significado más profundo del servicio: un acto de amor hacia los hambrientos, los sedientos, los forasteros, los desnudos, los enfermos y los presos (cf. Mt 25, 34-36) es un acto de amor hacia el propio Jesús".

Servir a Jesucristo

La Madre Teresa no servía a los pobres porque ello le proporcionara una "euforia espiritual" ni porque "se sintiera mejor consigo misma" después de hacerlo. Su principal motivación era que estaba sirviendo a Jesucristo.

Esto debería servirnos de recordatorio de que, cada vez que servimos a otras personas, incluso si son miembros de nuestra familia, estamos sirviendo al propio Jesucristo. Podemos expresar nuestro amor a Jesús simplemente sirviendo a quienes nos rodean.

El ejemplo de la Madre Teresa es un faro resplandeciente que nos desafía no solo a escuchar la palabra de Dios, sino a vivirla en nuestra vida cotidiana.

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