La cara oculta de Lutero

 Uno, de los muchos mitos difundidos —con gran fuerza y astucia— por los enemigos de la iglesia es el que sostiene que Lutero, con su reforma, hizo un gran favor a la civilización cristiana. Ya que ésta supuso una reacción, "saludable y necesaria", a la "terrible decadencia" en la cual se encontraba la Iglesia católica, especialmente, la relacionada con la venta de indulgencias y la acumulación de riquezas del alto clero. 

Lo cierto es que, la rebelión luterana produjo el cisma más doloroso, sangriento y dañino que haya sufrido la iglesia católica. Pues, a diferencia de lo que suele creerse, el "gran reformador" no fue el fraile noble y puro que, asqueado por la corrupción del alto clero, buscase corregir los vicios, purificar las costumbres y renovar la moral de la iglesia. Por el contrario, Lutero fue un oportunista —que desatacó por su carácter iracundo; amén de su apego al dinero, al poder y a los placeres— un hereje de una soberbia desmedida que, apoyado por ambiciosos y corruptos príncipes alemanes, desafío la autoridad de la iglesia rompiendo la unidad cristiana: "Yo, el doctor Lutero (…) hablando en nombre del Espíritu Santo" (…) "No admito que mi doctrina pueda juzgarla nadie, ni aun los ángeles. Quien no escuche mi doctrina no puede salvarse" (1). 

Asimismo, Lutero fue un hombre abrumado por fortísimas e incontrolables pasiones. El mismo confiesa: "Los nuestros (tiempos) son al presente siete veces más escandalosos que lo que se ha usado hasta ahora; nosotros robamos, mentimos, engañamos, comemos y bebemos y nos entregamos a todo género de vicios..." (2). Porque no fue la corrupción de la jerarquía sino la sana doctrina católica lo que Lutero tanto atacó, por ello le escribió al Papa: "Yo no impugno las malas costumbres sino a las doctrinas impías" (3). 

La visión de Lutero sobre la naturaleza humana era terriblemente pesimista pues la consideraba totalmente corrompida por el pecado original. Por ello, afirmaba que el hombre está irremediablemente obligado a pecar, ya que su razón —"ciega, sorda, necia, impía y sacrílega" — es incapaz de realizar un juicio moral. De ahí que, al no ser el hombre dueño de su voluntad —pues carece de libre albedrío— sus obras, tanto buenas como malas no contribuyen, ni a su salvación ni a su condenación. Así, afirma: "El hombre no posee un libre albedrío, sino que es un cautivo, un sometido y siervo ya sea de la voluntad de Dios, o la de Satanás" (4). Por tanto, el hombre solo es justificado por la fe (sola fide) que consiste en tener una confianza total en ser salvado por Cristo, independientemente de las propias acciones. De ahí su infame frase: "Peca fuertemente, pero cree más fuertemente aún." (5) 

Si bien se ha convertido a Lutero en un "paladín de la libertad religiosa" lo cierto es que ni él —ni los otros reformistas— toleraron el menor desacuerdo con sus postulados; lo cual provocó fanáticas persecuciones religiosas contra quienes no acataban dócilmente sus ideas. Además, la rebelión de Lutero contra el Papa y el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico impulsó la anarquía y sirvió de inspiración para el levantamiento popular conocido como la guerra de los campesinos alemanes (1524-1525). Lutero —que se caracterizó por ser servil y adulador con los poderosos y déspota con los humildes— tomó partido por los nobles a quienes debía grandes favores y ordenó que los rebeldes fuesen aniquilados "como perros rabiosos" (6). 

Posiblemente, uno de los daños más grandes que ocasionó Lutero, fue la difusión del libre examen, el cual "emancipó" al hombre de la autoridad de la Iglesia fundada por Cristo. Como expresó brillantemente Kierkegaard: "Lutero fue el hombre más plebeyo que jamás haya existido; pues sacando al Papa de su trono, puso en su lugar a la opinión pública". 

Además, la libre interpretación de las escrituras provocó una fragmentación doctrinal sin precedentes, pues los reformistas se empezaron a dividir, rápidamente, en múltiples ramas enfrentadas entre sí. A tal grado llegó esto que Lutero le escribió a su amigo Melenchón: "¿Cuántos maestros distintos surgirán en el siglo próximo? La confusión llegará al colmo…" (7) En eso, no se equivocó. El Centro para el Cristianismo Global del Seminario Teológico Gordon-Conwell, estima que actualmente hay alrededor de 47.000 sectas protestantes (8). 

Como bien señaló Orestes A. Brownson a las distintas denominaciones protestantes: "Vuestra fe es sólo opinión, vuestra esperanza es sólo deseo, vuestra caridad es sólo filantropía, y vuestro celo por Dios y las cosas celestiales se ha convertido en celo por el mundo. No tenéis una doctrina común, ninguna profesión común, ninguna unidad, ninguna concordia; Vuestras doctrinas, en la medida en que las tenéis, son vagas e inciertas, no han sido propuestas por ninguna autoridad competente, se cree en ellas sin ninguna razón suficiente y varían de un día para otro y de un individuo a otro. Estáis perplejos y ya no sabéis qué creer ni qué hacer… Es cierto que llamáis progreso a vuestras variaciones y os consoláis en vuestros vagabundeos espirituales con la esperanza de encontrar, algún día la verdad... ¡Vana esperanza! Os movéis constantemente, pero no hacia la verdad" (9). 

La llamada Reforma desintegró el orden moral de gran parte de la sociedad al sustituir: la autoridad por la tiranía, lo espiritual por lo temporal y la razón por las emociones y las pasiones. Ya que, como afirmó A. Brownson "El experimento protestante, como religión, ha demostrado ser un fracaso total. No ha establecido nada; ha desatado todo y ha hecho que todo en la creencia o práctica religiosa sea tan variable y transitorio como la pasión o el capricho humanos…".

El protestantismo al sustituir la autoridad divina por la humana ha terminado por declarar la autonomía del hombre respecto a Dios dando origen al liberalismo. Desafortunadamente, este pensamiento se ha difundido de tal forma en occidente que, actualmente, aun varios católicos, se adjudican —al estilo protestante— el derecho de decidir los dogmas en los que creen y las enseñanzas que siguen. 

No nos dejemos engañar por mitos y seducir por herejías revestidas de novedad, libertad y progreso. Recordemos que, como afirmase el Cardinal Newman: "Profundizar en la historia es dejar de ser protestante". 

Que la Santísima Virgen María, Exterminadora de todas las herejías, nos proteja y guíe para que, durante nuestro peregrinaje por este mundo, permanezcamos siempre fieles a Cristo y a Su iglesia.

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