Testimonios de mártires de la guerra civil española
Desde 9 obispos martirizados a una Iglesia más que diezmada entre 1931 y 1939. Es la síntesis de miles de páginas de investigación y divulgación sobre los mártires de la II República española que acaba de ser publicada por el catedrático Javier Paredes. El libro, editado por San Román bajo el título de ¡Hasta el Cielo! Mártires de la Segunda República y la Guerra Civil ya ha sido presentada como la refutación de la mayor mentira del Sanchismo, la ley de memoria democrática, empleada para blanquear “el empeño de socialistas y comunistas de arrasar la fe de España”, según se lee.
Lejos de publicarse con el formato académico de rigor, se trata de una obra editada y dirigida especialmente al lector de a pie, al desconocedor de la persecución que diezmó a la Iglesia en España o incluso al que no sea un apasionado de la historia. En poco más de 150 páginas, el catedrático ha sido capaz de sintetizar en cinco bloques el contenido de más de 200 artículos publicados hasta la fecha en Hispanidad. Su director, Eulogio López, subraya: “Demuestra la mayor mentira del Sanchismo: la Ley de Memoria. Un bulo que le ha dado la vuelta a la realidad, porque los malos eran los socialistas, comunistas -y los masones- de la II República... que odiaban a Cristo”.
Si bien ¡Hasta el Cielo! presenta un sinfín de expedientes documentados, el historiador se resigna a emplear las ingentes cifras de mártires como arma arrojadiza. Cada uno tenía un rostro, una vocación, familia y feligreses, y es lo que el autor ha logrado plasmar en un libro sencillo de leer, pero difícil de digerir.
Los obispos mártires
Los 12 obispos y el administrador apostólico martirizados inauguran la presentación de la persecución desatada a partir de 1931, que el historiador define nuevamente como “la mayor de la Iglesia católica en sus 2.000 años”. En solo tres años, el historiador asegura que se superaron “con creces” el número de mártires de Nerón y Constantino, cuyas cifras nunca pasan de los 5.000.
“En España, durante la contienda, fueron asesinados 12 obispos, 1 administrador apostólico, 4.184 sacerdotes seculares y seminaristas, 2.365 religiosos y 297 monjas. Es decir, el clero fue más que diezmado. Y a estos números habría que añadir a los miles de laicos que fueron asesinados por motivos religiosos. Solo por odio a la fe se calcula que fueron asesinadas unas 10.000 personas”, se lee, de los cuales 2.154 mártires ya han sido canonizados o beatificados.
Hablando de los obispos, se menciona a Salvador Ferrandís (Barbastro) Basilio Rojo (Jaén) Manuel Basulto (Jaén) Manuel Irurita (Barcelona) Florentino Asensio (Barbastro) Narciso de Esténaga (Ciudad Real) Cruz Laplana (Cuenca) Miguel Serra (Ibiza) Leopoldo Larrañaga (Ibiza) Diego Ventaja (Almería) Manuel Medina (Almería) Eustaquio Nieto (Sigüenza).
Portada del libro ¡Hasta el Cielo! Mártires de la Segunda República y la Guerra Civil, del historiador Javier Paredes.
¿Por qué las religiosas fueron menos?
No solo fueron obispos. También se han documentado los casos de 297 religiosas asesinadas durante la Guerra Civil. Una cifra que muchos han infravalorado por palidecer numéricamente ante los 6.562 varones mártires del clero regular y secular.
Los motivos de este abismo numérico son explicados con detalle por el historiador: “No pocas religiosas fueron empleadas por los rojos en distintas labores, a sabiendas de su condición, porque de ese modo, los rojos, `redentores del proletariado´, no les pagaban ni un céntimo. Bajo el régimen de terror, los socialistas instalaron en el convento de las siervas de María de Alcalá de Henares un taller de costura, con el objetivo de confeccionar ropa para los milicianos. En este obrador cosían, a cambio de comida, las religiosas que habían sido expulsadas de sus conventos y a las que les habían robado todo su dinero y pertenencias”.
De lo que no cabe duda, agrega, “es del odio a la fe que impulsó a los socialistas, comunistas y anarquistas a matar a 297 religiosas, en muchos casos con una crueldad inhumana”.
Los mártires, ¿del siglo XX?
Este es uno de los espacios donde más abundan las cifras, con unos 2.365 mártires pertenecientes a 42 órdenes o congregaciones diferentes. Partiendo de los 10.000 religiosos que habría en todo el país durante el estallido de la Guerra, Paredes observa que en torno al 23,6% de todos los evangelizadores murieron mártires, siendo incluso más que diezmadas.
Un episodio que permite al escritor cuestionar la denominación de “mártires del siglo XX” o incluso “de la década de los años treinta”.
“Son incorrectas y distorsionan la realidad, ya que si bien dicen quién fue el sujeto paciente, ocultan al sujeto agente. Ni los siglos, ni las décadas, asesinaron a nadie en la historia. Son los hombres los que asesinan otros hombres”, explica.
El clero, más que diezmado
Otro de los bloques más llamativos de ¡Hasta el Cielo! Es el dedicado a los mártires del clero secular.
Con un relato que combina la épica evangelizadora y martirial de los párrocos y sacerdotes con la frialdad de los datos, Paredes acude al Anuario Pontificio de 1936, que informaba de 29.902 sacerdotes seculares en España.
Siguiendo a Antonio Montero, uno de los mayores especialistas en cuanto a cifras de martirios en la persecución religiosa, concluye que al menos 4.184 sacerdotes y seminaristas seculares fueron asesinados, en torno al 14% del total.
Los ejemplos descritos son tan numerosos y concretos como icónicos: Juan Duarte, seminarista abierto en canal colgado boca abajo, inflado con gasolina y prendido, el beato Pascual Aláez, el 81% del clero masacrado en Barbastro o el beato José Polo Benito, asesinado junto al hijo mayor del general Moscardó, defensor del Alcázar de Toledo.
La importancia decisiva de la familia
Si bien otros apartados destacan por la precisión técnica o numérica, el dedicado a los laicos martirizados sorprende al lector no solo por la crudeza de muchos de los procesos, sino también por la esperanza, valor y entrega que se desprende de ellos. También se dedica especial atención al ámbito familiar como escuela para el martirio.
“Cuando se leen las biografías de los mártires, son excepción los casos en los que no se hace referencia a la importancia decisiva de haber recibido la fe de padres cristianos. Fue tan sobrenatural y potente el influjo de la familia que se dejó sentir a lo largo de toda la vida de los sacerdotes y religiosos”, se lee.
Mártires y esposos, animándose a mirar al Cielo
Especialmente emotivo es el ejemplo de Isidra Fernández Palomero e Isidro Fernández Rubio, labrador él y ama de casa ella, beatificados ambos y asesinados por ser Isidra presidente de Acción Católica de su localidad. “Socialistas y comunistas segaron todo brote religioso que encontraron a su paso, por pequeño que fuera”, escribe Paredes. Los escritos de su proceso de beatificación del matrimonio reflejan la llama de la fe en los martirizados, encendida hasta el último momento.
Atados, el matrimonio fue golpeado, vejado y torturado hasta la extenuación, contemplando como sus verdugos les clavaban en las partes sensibles varas y cañas afiladas. Incluso Isidra fue violada repetidas veces por al menos 4 de los milicianos y ello delante de su marido:
“Durante su tormento, Isidra conservó siempre el ánimo, no dejando de exhortar a su esposo a mantenerse firme en la fe, diciéndole constantemente: `Isidoro, di conmigo: Viva Cristo Rey´. Después de utilizarles como si de blancos de una feria se trataran, finalmente acabaron con ellos con varios tiros a quemarropa. Incluso a ella la degollaron”.
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