La ilegalidad de la sentendia contra Jesús

 La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo sirve todo el año para la meditación y durante la Semana Santa recibe asimismo una mirada histórica, en la consideración más de los hechos en sí mismos (sobre todo el Viernes Santo) que en su trascendencia espiritual.

Menos frecuente resulta la perspectiva jurídica. A los cristianos -e incluso a muchos no cristianos- les sacude tanto la injusticia del proceso que no es habitual pararse a considerarlo.

Sí lo hicieron, sin embargo, dos sacerdotes de origen judío cuya conversión al cristianismo desembocó finalmente en su ordenación como presbíteros. Se trata de dos hermanos gemelos de gran virtud y conocimiento, Augustin Lémann (1836-1909) y Joseph Lémann (1836-1915).



Tras abrazar la fe cristiana y recibir la formación y el sacramento del orden, enseñaron hebreo y Sagradas Escrituras el resto de su vida en la universidad católica de Lyon (Francia), y publicaron obras sobre el tema que conocían mejorHistoria completa de la idea mesiánica en el pueblo de Israel, un abordaje más teológico por parte de Augustin y, de corte más históricoLa incorporación de los judíos a la sociedad francesa y a los Estados cristianos, de Joseph.

Pero el libro por el que son más conocidos es el que estudia las ilegalidades cometidas contra la propia legislación judía en el simulacro de proceso que -con los preceptivos consentimientos romanos por el dominio del César- condujo a Jesús a la tortura y a la Cruz.


La asamblea que condenó a Jesucristo se publicó en 1881 pero había sido enviada antes al Papa Pío IX, quien en 1877 les había respondido con calurosas palabras de aprobación: elogiaba su "celo ardiente" por la conversión de sus hermanos, pero consideraba también que el texto era muy conveniente para los "lectores católicos" porque era "su finalidad esclarecer con una luz todavía más clara una parte de la historia evangélica". 



El estudio de los hermanos Lémann, en una obra breve y contundente, aborda dos cuestiones, que ellos mismos declaran así en el prólogo: "Examinar el valor, como personas, de los miembros" que componían el sanedrín que encausó y juzgó al Señor, y "examinar el valor, ante el derecho hebraico, de su proceso contra Jesucristo".

Tuvieron acceso a obras hasta entonces nunca abordadas, y al final lograron desvelar cómo la propia historiografía judía desvela la pésima calidad personal de los simulacros de jueces, así como un elenco de 27 ilegalidades o improcedentes pasos jurídicos, cada uno de las cuales habría bastado, en un hipotético proceso regular, para descartar el enjuiciamiento y, sobre todo, la condena de su víctima.


Una sola, dicen los mismos Lémann, no bastaría para "justificar al acusado", pues los fallos procesales pueden deberse a inadvertencia o casualidad. Pero tantas hacen sospechar que el encausado era "una persona especial".

Es lo que ellos quieren que sus hermanos de sangre mediten y que sus hermanos de fe valoren. Pues, a fin de cuentas, de lo que se trata con esta lectura y con los propios ritos de la Semana Santa es de reconsiderar la propia actitud de cada uno ante su protagonista.

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