Con la Humanae Vitae, el Papa Pablo VI trató de defender la vida

 Ser papa no es sencillo. Cada Sumo Pontífice de la Iglesia católica ha tenido su propio sufrimiento, de acuerdo con el tiempo en que le ha tocado vivir. Para san Pablo VI, la defensa de la vida fue el tema con que enfrentó al mundo que comenzaba a perder el sentido de su dignidad, por eso escribió una iluminadora, pero impopular encíclica: Humanae Vitae

Impedir el nacimiento de más niños alegando que el crecimiento poblacional incontrolable acarrearía problemas de alimentación y escasez de recursos ha tenido consecuencias funestas, comenzando con el invierno demográfico que atraviesa Europa, especialmente, pero que pronto alcanzará a los demás continentes.

Así es que, cuando san Pablo VI escribió la encíclica, que habla sobre la anticoncepción, sus consecuencias y la salvaguarda de la moralidad del matrimonio, sabía que tendría detractores y que la Iglesia podría ser "signo de contradicción". Así lo leemos:

"Se puede prever que estas enseñanzas no serán quizá fácilmente aceptadas por todos: son demasiadas las voces —ampliadas por los modernos medios de propaganda— que están en contraste con la Iglesia. A decir verdad, ésta no se maravilla de ser, a semejanza de su divino Fundador, 'signo de contradicción', pero no deja por esto de proclamar con humilde firmeza toda la ley moral, natural y evangélica" (HV 18).

 No obstante también tuvo grandes defensores. Uno de ellos fue el Padre Pío, quien escribió una carta al papa Pablo VI, fechada el 12 de septiembre de 1968, en donde expresaba su reconocimiento al valiente pontífice por defender la verdad:

 "Le ofrezco mi oración y sufrimientos diarios, como un pequeño pero sincero pensamiento del último de sus hijos, para que el Señor pueda consolarle con su gracia para continuar el correcto y agotador, camino en defensa de la verdad eterna, que nunca cambia con el mutar del tiempo … Le agradezco por la palabra clara y decisiva que ha dicho, especialmente en la última encíclica Humanae Vitae, y reafirmo mi fe, mi obediencia incondicional a sus iluminadas directivas …

Vuestro hijo más humilde. Pio, capuchino.



 

Comentarios

Entradas populares de este blog

La mentira está admitida en el Corán

Contra el blanqueamiento de ETA: Exposición de Gregorio Ordóñez

El apoyo de los católicos al Israel moderno