Japón tiene una princesa católica

 La princesa Nobuko de Tomohito de Mikasa, Japón, cuyo apellido de soltera era Nobuko Asō, es la viuda del príncipe Tomohito de la casa de Mikasa y la primera persona de la historia de la familia imperial japonesa de la que se sabe oficialmente que fue bautizada en la Iglesia católica. Nació en 1955 en Tokio, en la conocida familia católica Asō, fue bautizada de niña y se crió desde muy pequeña en un entorno católico. Asistió a las escuelas del Sagrado Corazón de Tokio, dirigidas por la Congregación del Sagrado Corazón de Jesús, donde la enseñanza se combinaba con la oración regular y la formación cristiana. 

Una católica en el corazón de una monarquía "pagana"

En 1980 se casó con el príncipe Tomohito de Mikasa, primo del entonces heredero al trono, y de este modo llevó su fe al corazón mismo de la monarquía japonesa. Las biografías y estudios en inglés destacan que es la única miembro viva de la familia imperial de la que se sabe que fue bautizada como católica, lo que la convierte en una persona excepcional no solo en Japón, sino también a escala mundial. Para un observador externo, su presencia es discreta, ya que la corte japonesa rara vez habla abiertamente de religión, pero para los católicos de Japón constituye una señal silenciosa de que el Evangelio realmente ha llegado a todas partes, incluso al palacio imperial.


Su fe católica le ayudó a sobrellevar la enfermedad

La princesa Nobuko llevó durante años la cruz de la fragilidad —física, psíquica y familiar— tratando de mantenerse fiel a su vocación. Durante más de veinte años, la princesa luchó contra graves problemas de salud: sufrió episodios de trastornos vasculares, padecía asma bronquial y, en 2022, a Nobuko le diagnosticaron un cáncer de mama en fase inicial, lo que supuso una nueva hospitalización y una operación. Los medios japoneses escribieron sobre largos periodos de alejamiento de la vida pública, estancias en clínicas y en casas de la familia, y sobre un "colapso" que la alejó durante muchos años de las ceremonias oficiales.

Sin embargo, en los ensayos biográficos sobre la familia Asō aparece otro hilo conductor, menos espectacular. En los años más difíciles de la enfermedad y de las tensas relaciones familiares, Nobuko sacaba fuerzas de los sacramentos, la fe y la oración. Conservó su mundo tranquilo y ordenado: el rosario, la liturgia, el recuerdo del bautismo y la conciencia de que Dios permanece cerca incluso cuando fallan la salud y las relaciones.

¿Qué significa que "está al frente de su propia rama de la familia"?

Para el lector polaco puede resultar un poco confuso a qué se refiere el hecho de que Nobuko esté al frente de su propia rama de la familia. En Europa solemos tener una sola familia real y, en su caso, ramas colaterales que ostentan títulos principescos. En Japón, además del emperador, existen las llamadas "ramas" de la familia imperial: casas principescas más pequeñas que tienen sus propios nombres, como la casa Akishino o la casa Mikasa. La princesa Nobuko perteneció durante muchos años a la casa Mikasa como esposa y, más tarde, como viuda del príncipe Tomohito.

Sin embargo, en septiembre de 2025 ocurrió algo que los medios de comunicación japoneses consideraron un precedente histórico. Se decidió que la hija mayor de Nobuko, la princesa Akiko, se convertiría en la nueva cabeza de la casa Mikasa, asumiendo la línea ducal tradicional y la responsabilidad de esta rama de la familia.


Una princesa separada

Al mismo tiempo, la propia Nobuko fue "excluida" formalmente de la casa Mikasa y se creó para ella una unidad separada dentro de la estructura de la familia imperial, denominada oficialmente "la familia de la princesa Nobuko de Tomohito de Mikasa" (en japonés: 三笠宮寛仁親王妃家).

En la práctica, esto significa que en los documentos de la corte se la considera una "familia" independiente —algo así como una casa principesca separada— con su propio presupuesto, obligaciones representativas y lugar en el protocolo. Según los comentarios de la prensa, por primera vez desde la era Meiji, una persona que ha entrado en la familia imperial por matrimonio ha sido reconocida oficialmente como cabeza de una nueva rama de la dinastía.

Fue precisamente este momento el que captaron con especial interés los medios de comunicación católicos de todo el mundo. En las crónicas y comentarios se repetía una idea: por primera vez en la historia de Japón, una católica bautizada abiertamente ha sido reconocida oficialmente como cabeza de una de las ramas de la familia imperial.

En un país donde los católicos constituyen una pequeña minoría, el hecho de que una de las figuras más simbólicas del Estado sea católica tiene una dimensión no solo política o cultural, sino también espiritual. Y eso es precisamente lo más edificante de esta historia. Parece que el legado de la misión de San Maximiliano Kolbe en este lejano país está dando frutos inesperados.


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